Crecer

La mayoría de las personas anhelamos crecer espiritualmente. Así nos enseñaron en la escuela: los seres vivos “nacen, crecen, se reproducen y mueren”. Los que no conocen a Cristo puede que le llamen superación personal o plenitud. Los cristianos le llamamos santificación o dar frutos. El caso es que, por lo general, nadie quiere quedarse donde está sino que procura al menos crecer y reproducirse mientras existe.

Todo verdadero creyente anhela crecer y madurar espiritualmente. De hecho, es muy probable que muchos puedan identificar algunas áreas muy específicas en las que desean ver cambios significativos en este año, pero también es posible que algunos se sientan un poco frustrados antes de empezar, quizá por haber iniciado en el pasado proyectos que parecían prometedores, pero cuyo resultado no fue satisfactorio. Puede ser que el problema radique en el hecho de haber comenzado a construir sin haber puesto primero el fundamento que habría de soportar ese edificio. Sabemos que queremos crecer, que debemos procurarlo, pero erramos la forma.

La Escritura dice en el evangelio de Juan 15:5 (NTV): “Ciertamente, yo soy la vid; ustedes son las ramas. Los que permanecen en mí y yo en ellos producirán mucho fruto porque, separados de mí, no pueden hacer nada”. En esta ejemplificación, Jesús explica que las ramas que no dan fruto son cortadas (eliminadas) y arrojadas al fuego; mas aquellas de las que germina fruto, son podadas (preparadas, perfeccionadas) para dar más fruto.

Tenemos un enorme llamado a crecer, a llevar fruto, a avanzar en el Reino de Dios.  No podremos experimentar verdadero crecimiento en ningún área de nuestras vidas a menos que tengamos un claro entendimiento de que hemos sido aceptados en Dios por causa de la justicia perfecta de Su Hijo y Su obra redentora en la cruz del calvario (justificación); así como una plena compresión de que ahora Dios tiene como propósito en nuestra vida hacernos cada vez más semejantes a Cristo (santificación). 

La Biblia también dice en Efesios 4:13 (NVI): “De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo”.  Hay un continuo llamado de Dios a que avancemos. Nuestra fe no es estática, debe estar en continuo movimiento a favor de la expansión del reino de Dios y el testimonio de la obra de Jesús en nuestra vida, de este modo “ya no seremos niños zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas. Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo” (Ef. 4:14 NVI).

Es así como se nos exhorta a ser santos (1 Pe. 1:16), a huir las pasiones propias de la juventud (2 Ti. 2:22), a despojarnos de la antigua manera de vivir (Ef. 4: 22) y en esta porción de la epístola a los Efesios, a crecer.  Dispón tu corazón este año para ser podado y llevar mucho fruto, el fruto del Espíritu Santo, y muchas almas a los pies de Cristo.

Manuel Martelo Verbel

Equipo Devocionales Diarios ICCCTG

16 comentarios en “Crecer”

  1. Carlos Osorio Berrio

    que buen cierre de semana, y sin dudas muy apropiado para el tiempo que vivimos.
    Señor ayúdame a crecer en ti y poder llevar el fruto que tu deseas para mi vida y familia.

    Gracias Manuel por esta palabra!

  2. Marysol Rodríguez Zuleta

    Oh Señor, gracias por proveer todo lo necesario para que crezcamos y maduremos en ti. Gracias Maní por tan buena reflexión.

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