Despiertos

“La vida es el tiempo que pasa mientras tomamos decisiones”. Escuché esta frase hace días y me ha hecho pensar. Como seres humanos todo el tiempo tomamos resoluciones frente a todo tipo de asuntos. Decidir es de las acciones que más practicamos a lo largo de la vida, pero he notado que cuando se trata de cosas que consideramos complejas o demandantes, nuestras decisiones tardan o, peor aún, nunca se toman, manteniendo nuestras vidas adormitadas en algunas áreas. Es como si pensáramos que nuestra vida se suspende mientras decidimos, o que tenemos tiempo ilimitado, en otros casos esperamos tener todas las condiciones favorables para actuar.

Lo cierto es que postergamos por largos periodos o indefinidamente, perdiendo de vista que el tiempo de vida que tenemos corre como agua entre los dedos y no lo podemos detener ni mucho menos recuperar.  Podemos encontrarnos viviendo en un mañana eterno, pensando que este nunca morirá, pero no sabemos si para nosotros o para los que tenemos cerca habrá un mañana. Dice Santiago 4:14: Sin embargo, no sabéis cómo será vuestra vida mañana. Solo sois un vapor que aparece por un poco de tiempo y luego se desvanece” (LBLA).

Reflexiono sobre el año que pasó, todos los proyectos que tenía y cuántos de ellos se fueron ahogando junto con el año. En un abrir y cerrar de ojos este terminó y con él se quedaron muchas personas, planes y propósitos que debía cumplir, pero decidí quedarme inmóvil. No actuar es también una decisión, y trae consecuencias desfavorables cuando lo que se nos demanda es diligencia.

¿Nos hemos puesto a pensar recientemente en las decisiones pendientes? ¿Hace cuánto anhelamos aquello? ¿Somos conscientes de la necesidad de tomar ciertas resoluciones, pero no hacemos nada para ocuparnos en ello? ¿Cuántas de esas decisiones tienen que ver con demandas que sabemos que Dios tiene para nuestras vidas, pero las ignoramos sistemáticamente? ¿Quiénes resultan afectados en nuestra irresolución y falta de carácter, además de nosotros?

Dice la Biblia en Efesios 5:14-17: “Despiértate, tú que duermes, Y levántate de los muertos, Y te alumbrará Cristo. Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos” (RVR1960).  Es hora de despertar, de dejar el sueño, la pereza, las excusas y revisar nuestro andar. El Señor promete iluminarnos, inspirar nuestras decisiones, pero tenemos una condición: Despertar y levantarnos. Si nuestras vidas terminaran hoy, ¿seríamos considerados sabios y diligentes por Dios a la hora de evaluar la inversión de nuestro tiempo? Si nuestro prójimo no tuviera un mañana, ¿nos sentiríamos en paz o nos tendríamos remordimiento por no haber hecho lo que la Palabra nos demanda hacer?

Tal vez estemos posponiendo consolidar una relación más profunda con Dios, o testificarlo a quienes no le conocen, o perdonar a alguien que nos hirió, o pedir perdón. Quizás sea abandonar definitivamente un hábito pecaminoso, o dedicarnos al servicio al que Dios nos esté llamando. Puede que sea dejar una situación o personas, o asumir un reto que demandará diligencia y disciplina, no lo sé. Pero nuestras vidas siguen corriendo mientras aplazamos esas decisiones y en el día final el Señor nos pedirá cuentas de lo que hemos hecho con el tiempo que nos ha regalado.

Eclesiastés 4:11 dice: “El agricultor que espera el clima perfecto nunca siembra; si contempla cada nube, nunca cosecha” (NTV). El tiempo es despiadado cuando se dilapida, pero bondadoso cuando se aprovecha. No miremos el clima, no pongamos excusas, miremos a Dios pidiendo que nos ayude a estar despiertos en Sus propósitos.

Lisaura Lozada Pedroza

Equipo Devocionales Diarios ICCCTG

6 comentarios en “Despiertos”

  1. Marysol Rodríguez Zuleta

    Oh Señor, que seamos buenos administradores del tiempo que nos regalas en esta tierra. Gracias Lisa por esta edificante palabra!

  2. Amén. Padre cuanto nos estás hablando de no colocar excusas, posponer, procrastinar. Mi oración es que me ayudes hacer buena administradora del tiempo y diligente.
    Gracias Lisa. Bendiciones

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