El ADN del Padre

La familia de mi esposo tiene rasgos físicos muy característicos y acentuados.  A veces bromeamos con ese “molde Lozano”.  Hace varios años, mi concuñada estaba en un supermercado con su bebé Mariana en un coche, cuando se acercó una señora que amablemente hizo un halago a la niña y comentó: “se parece al papá, ¿cierto?”. Mi concuñada extrañada contestó: “sí, claro, ¿usted lo conoce?”.  La respuesta desparpajada de la señora no se hizo esperar: “no, mi’ja, ¡es que a ti no se parece nada!”. Esta anécdota familiar me hizo pensar en la similitud que debemos guardar los hijos de Dios con nuestro Padre Celestial. El razonamiento de esta dama era correcto: si no se parece a la madre, debe parecerse al padre.

Los rasgos y propiedades del cuerpo humano están codificados en el ADN, material genético que heredamos de nuestros progenitores, ese código no se puede cambiar, porque viene en los cromosomas del óvulo y el espermatozoide que se integran al momento de la concepción, está en todas las células del cuerpo y determina todo lo que somos. Es una marca tan imborrable que permite identificar y establecer parentescos aún en fragmentos de tejidos, después de la muerte. 

Juan 1:12 (RVR1960) dice: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios”. Si somos hijos, debemos parecernos a nuestro Padre, mostrar características suyas.  Debe ser tal la semejanza, que el mundo note que no nos parecemos a nuestro entorno, que nuestras facciones deben venir de alguien más. El centurión y la guardia romana que vigilaban la cruz, no conocían al Padre, sin embargo, al ver expirar a Jesús, se rindieron a la evidencia de que este hombre no podía ser de este mundo y confesaron que Él era Hijo de Dios (Mt. 27:54).

En el Sermón del Monte, Jesús mismo describió algunos aspectos en los que el Padre espera que nuestro ADN espiritual aflore y nos parezcamos a Él:

  1. Ser mansos (Mt. 5:39-41), estar dispuestos a sufrir el agravio en nombre del Señor.
  2. Ser generosos (Mt. 5:42), dar más allá de nuestras previsiones.
  3. Amar sin reservas (Mt. 5:43-44), vencer el odio con amor.
  4. Ser ecuánimes y justos (Mt. 5:45), sin importar el comportamiento de los demás.
  5. Esforzarnos en ser amables (Mt. 5:46-47), aún si no somos correspondidos.
  6. Ser perfectos (Mt. 5:48), como nuestro Padre.

Cuando revisamos esta corta lista de atributos que el Padre espera ver en nosotros, ¡nos sentimos terriblemente abrumados por el peso de lo imposible!  Sin embargo, la buena noticia es que contamos con ayuda para dar esas manifestaciones. Al aceptar a Cristo como nuestro Salvador, su Padre también es el nuestro y recibimos “el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba Padre!” (Gl. 4:6), así que es Él quien nos capacita para que reflejemos las características del Padre.

La expresión Abba Padre implica cercanía, intimidad, relación afectuosa y de dependencia, de manera que es en la intimidad con Él, por la presencia de su Espíritu en nosotros, como adquirimos ese parecido, esa manifestación externa del ADN del Señor, y una manera de pensar y comprender las cosas guiada por Él, pues por el mismo Espíritu de Dios llegamos a tener la mente de Cristo (1 Co. 2:16). ¡¡Qué gran bondad la de nuestro Padre!

Preguntémonos, ¿qué tanto muestro el “molde” de mi Padre en mi diario vivir? Oremos, Señor, que otros vean en mí tu rostro, que sea yo diferente, no por mí, sino  por ser tu reflejo, ¡para gloria tuya y alabanza de tu nombre! Amén.

Nellys Marina Rodríguez Zuleta

Equipo Devocionales Diarios ICCCTG.

16 comentarios en “El ADN del Padre”

    1. Lilia Torres Ramírez

      Parecernos a Ti Señor es delicias a tu diestra por siempre y para siempre y gozarnos en tu presencia. Gracias Nelly Marina. Bendiciones.

  1. Gracias amado padre por hacerme parte de tu ADN, ayúdame a reflejarlo en mi caminar.
    Excelente reflexión querida Dra. Nelly Marina

  2. Nancy Esther Rodríguez Zuleta

    Amén!! Padre, quiero parecerme cada vez más a tí, gracias por hacerlo posible para todos tus hijos, gracias por colocar tu ADN en nosotros. Gracias Laly, hermosa reflexión

  3. Juan Gabriel Morales

    Excelente reflexión, doctora Nellys Marina, Dios te siga iluminando. Para reflejar “el molde” de Nuestro Padre Celestial tenemos que despojarnos del viejo hombre, de la naturaleza pecaminosa, y revestirnos del nuevo hombre y renovar el espíritu de nuestra mente. Jesús lo enseñó y los discípulos en sus cartas a la Iglesia lo recalcaron después.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.