El Puente Invisible

Hace unos días bajé al comedor de la casa a trabajar en el computador. Sin embargo, me distraje pronto con una película animada que estaba puesta en la televisión. Vi entonces una escena particular que llamó mi atención.  Uno de los protagonistas debía cruzar un abismo para bajar un puente grande de madera que había al otro lado invocando una magia con un cayado que tenía, se suponía aparecería un puente ante él, pronunció el conjuro… pero no se veía puente alguno.

Resulta que debía empezar a dar pasos en el vacío y, dependiendo la confianza que tuviera, iba apareciendo bajo su pie un apoyo con cada paso.  El personaje tuvo miedo inicialmente, en el primer intento casi cayó al vacío. Su hermano mayor, que lo acompañaba, le propuso amarrarlo por la cintura con una cuerda, para sostenerlo al cruzar.

Y así fue, los primeros pasos le dieron confianza, luego caminaba alegremente sobre el vacío, hasta brincaba y celebraba… pero, a la mitad del trayecto y sin darse cuenta, la soga se soltó por la espalda. La escena era claramente angustiante y muy divertida (para el espectador de una película animada que sabe que no sucederá una tragedia), resultaba hilarante ver cómo el hermano mayor le alentaba fingiendo que todo estaba bien, sabía que si su hermano se daba cuenta de que no tenía la soga caería inmediatamente.  Entre tanto, el personaje hasta se confiaba caminando más lento… finalmente cruzó y se percató del asunto de la cuerda; estupefacto, preguntó a su hermano desde cuando había caminado sin la cuerda, era evidente que su confianza estaba puesta en ella mientras cruzaba…

De inmediato vino a mi mente una historia bíblica que creo que todos conocemos, es la del episodio de Pedro con Jesús caminando sobre el agua en Mateo 14:22-33.  Dice la Palabra de que cuando vieron al Maestro andar sobre el agua, los discípulos se asustaron y gritaron que era un fantasma.  Jesús inmediatamente les habló diciendo: “¡Calma! ¡Soy yo: no tengan miedo!” (vs. 27 DHH).  Pedro, envalentonado, salió al paso diciendo: “Señor, si eres tú, ordena que yo vaya hasta ti sobre el agua” (vs. 28 DHH). El Maestro entonces le dijo “ven” (vs. 29).

Pedro bajó de la barca y comenzó a caminar sobre el agua hacia Jesús (vs. 29), ¡realmente lo hizo!, estaba caminando sobre el agua hacía el Maestro. Sin embargo, al ver las circunstancias que le rodeaban, la fuerza del viento y presumiblemente las olas que azotaban, tuvo miedo y comenzó a hundirse.  Había quitado su mirada de la dirección del Maestro.  Angustiado y sintiendo que perecía gritó: “¡Sálvame, Señor!” (vs. 30 DHH). Jesús, quien le extendió su mano e impidió que se hundiera, le dijo en el acto: “¡Qué poca fe tienes! ¿Por qué dudaste?” (Mt. 14:31 DHH).

Me pregunto, ¿qué hubiera sido de Pedro en esta historia si hubiera tenido una cuerda amarrada a la cintura?, ¿qué tal si no hubiera habido un gran viento ni fuera de madrugada sino con aguas apacibles y con plena luz? Probablemente no hubiera tenido tanto miedo, pero igual revelaría una angustiante realidad: la excesiva confianza que tenemos en la materialidad, en lo que nuestros sentidos y razón nos indican. La fe, pues, es superior a esto; con ella, nuestra mirada y nuestra confianza están puestas en Cristo, una roca inconmovible, sobre la cual, si estamos fundamentados, el miedo no tiene lugar y podemos andar con libertad a los pies del Maestro.

Padre, ayúdanos a caminar en fe, y no poner atención al abismo o a la tormenta, sino a ti.

Daniel Fernando Bertel Rodríguez

Equipo Devocionales Diarios ICCCTG

20 comentarios en “El Puente Invisible”

  1. Que nuestros ojos estén fijados en Jesús. El nos hace caminar sobre las aguas. El es el autor de esa Fe. El es Fiel!
    Dios nos ayude a confiar siempre en El.

  2. Ligney Elena Rodríguez

    Gracias Fer… Por compartir esta bella palabra.
    Que nuestra confianza siempre está puesta en Jesus y no en la materialidad de este mundo.

  3. Amén! Señor afirma cada dia nuestro corazón a tu Palabra para que las corrientes de este siglo no nos lleven de un lado a otro.

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