Excusas

Dice el adagio popular que desde que se inventaron las excusas nadie queda mal. Nos excusamos cuando no logramos llegar a tiempo a un compromiso, cuando incumplimos una responsabilidad, etc. Pero hemos llegado a ser tan osados, que también nos excusamos delante de Dios, entendiendo la excusa no como una expresión de arrepentimiento, sino como un pretexto para no hacer lo que el Señor nos ha mandado.

En el evangelio de Lucas, Jesús narra una parábola en la que Cierto hombre preparó un gran banquete e invitó a muchas personas.  A la hora del banquete mandó a su siervo a decirles a los invitados: “Vengan, porque ya todo está listo”. Pero todos, sin excepción, comenzaron a disculparse. El primero le dijo: “Acabo de comprar un terreno y tengo que ir a verlo. Te ruego que me disculpes”. Otro adujo: “Acabo de comprar cinco yuntas de bueyes, y voy a probarlas. Te ruego que me disculpes”. Otro alegó: “Acabo de casarme y por eso no puedo ir”. El siervo regresó y le informó de esto a su señor. Entonces el dueño de la casa se enojó y le mandó a su siervo: “Sal de prisa por las plazas y los callejones del pueblo, y trae acá a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos”.  “Señor —le dijo luego el siervo—, ya hice lo que usted me mandó, pero todavía hay lugar”. Entonces el señor le respondió: “Ve por los caminos y las veredas, y oblígalos a entrar para que se llene mi casa. Les digo que ninguno de aquellos invitados disfrutará de mi banquete” (Lc. 14:16-24 NVI).

En esta porción de las Escrituras, vemos claramente las vagas excusas de tres convidados a un banquete. El primero alegó que acababa de comprar un terreno y tenía que ir a verlo y el segundo que acababa de comprar bueyes y debía probarlos. Las excusas de estos dos primeros son muy vagas teniendo en cuenta que de acuerdo con las costumbres orientales, los hombres no compraban un terreno sin conocerlo como la palma de su mano, ni compraban bueyes sin antes verificar su fuerza y que realmente les eran útiles para arar la tierra, mucho menos si eran cinco yuntas[1]. Así que claramente estas excusas eran sólo un invento.

La excusa del tercer hombre para no asistir era que acababa de tomar esposa, podemos ver claramente que esta otra actividad tenía prioridad para él, y aunque a nuestros ojos esta excusa podría ser “válida”, no lo fue para el señor que lo convidó a su banquete.

¿Qué excusas nos hemos estado “inventando” para no hacer la voluntad de Dios? Aquellas que hemos considerado válidas a nuestros ojos, ¿realmente lo son a los ojos del Señor? Si lo tuviéramos cara a cara, frente a frente, ¿seríamos capaces de expresarle las excusas que elaboramos para no hacer su voluntad y que hoy nos decimos a nosotros mismos para acallar nuestras conciencias?

Nuestras vidas no distan mucho de las de estos tres hombres. Ante la invitación del Señor a buscarlo, a congregarnos, a servirlo, a entregarnos, tenemos una excusa preparada, de momento nos olvidamos quién es el que nos está haciendo la invitación. La decisión de los convidados que se excusaron a asistir al banquete tuvo una consecuencia, lo que este señor había preparado para ellos fue dado a otros.

¿Cuántas bendiciones nos estamos perdiendo por nuestras excusas? Es tiempo de confrontarlas a la luz de las Escrituras y decirle Sí al Señor.

Tatiana Porto Neira

Equipo Devocionales Diarios ICCCTG

14 comentarios en “Excusas”

  1. Que interesante la explicación de las excusas de los dos primeros hombres.
    Señor, ayúdanos a examinar nuestra vida cada día y dejar de lado las excusas que nos impiden avanzar.
    Muy buena refelxión, esposa. El Señor te siga usando.

  2. No mas excusas , las excusas delante de Dios nos hacen atrofiar nuestro crecimiento , debemos evaluarnos y exponer nuestras excusas y arrepentirno a la luz de la palabra de Dios.

    1. Así es Lili aveces nosotros somos quienes debemos ver eso que el Señor ya sabe que hay en nuestro corazon, para poder ser transformados

  3. Wao, Taty tu reflexión me conmovió lo más profundo de mi corazón. Dios me ayude aprovechar bien su tiempo y dejar las vanas excusas.
    Gracias. Bendiciones

  4. El primero que dió excusa fue Adán la mujer que me diste me embolato jejeje, y de allí para acá es un sistema que hemos optado para supuestamente no quedar mal, pero Dios que conoce nuestro corazón sabe las intenciones.
    Hoy por hoy la gran Excusa es el Covid

  5. Gracias Tati por tan clara explicación. Dios perdona toda excusa que hemos colocado para dejarte el banquete servido.
    Bendiciones Tati.

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