La Alacena de Nuestras Almas

Llevamos ya dos semanas en este aislamiento social preventivo y no puedo evitar preguntarme ¿cómo hemos invertido una de las cosas más valiosas que tenemos?, hablo del tiempo.

Soy una persona que trabaja y estudia a la vez, el periodo de cuarentena inició justo en mi semana de parciales ¡qué gracioso!, así que me ha tocado estudiar música y ser evaluada de forma virtual en estos días… no ha sido sencillo. Aún así, agradezco a Dios por este tiempo, venía de mucha presión por tantos compromisos adquiridos y, aunque parezca raro, esta circunstancia para mí ha sido realmente un periodo de refrigerio.

Sin embargo, el punto aquí es que, en medio de tantas cosas que debía presentar y hacer, perdí de vista e incluso no había dimensionado lo que implicaba toda la situación que vivimos hoy, estaba mucho más preocupada por resolver mis pendientes que por otra cosa, estaba afanada.

¿Afanada en qué? Ciertamente los compromisos adquiridos son importantes y hay que ser responsables, pero la vida no se nos puede ir en una o dos cosas cuando somos un todo, Dios nos ha creado integrales y así como nuestro cuerpo necesita ser alimentado, también necesita ser alimentada nuestra alma.

Esto me hace pensar en los siguientes versículos: Porque ¿qué aprovechará al hombre, si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? ¿O qué recompensa dará el hombre por su alma?” (Mt. 16:26). “En Dios solamente está acallada mi alma; de él viene mi salvación” (Sal. 62:1).  Almas fatigadas, cansadas y sedientas solo hallarán reposo en Dios.

Una de las cosas que más nos preocupa a todos por estos días es poder tener abastecidas nuestras alacenas, porque no es seguro ni prudente salir a despejar la mente con la excusa de hacer la compra, pues hoy ¡hasta ir a la tienda es un paseo! Cuando logramos abastecernos hay cierta tranquilidad y sensación de seguridad, en nuestro interior pensamos: “me alcanza para tantos días” o “ya tengo qué comer”, pero ¿de qué abastecemos nuestra alacena espiritual? ¿la tenemos provista o estamos sufriendo por escasez? o peor aún ¿se encuentra nuestra alma en un estado de inanición que pudo haber empezado incluso antes de la cuarentena? Revisemos los productos de primera necesidad de nuestra alma, miremos los ingredientes que son parte vital en nuestra alacena:

  • La oración es una de esas cosas de las que debe estar repleta esa alacena, volver a la oración o ser mucho más intencionales en este ejercicio es nuestra forma de fortalecernos y comunicarnos con el Padre, debemos hacerlo abriendo nuestro corazón y siendo sinceros en lo que pensamos y sentimos.  Él lo sabe todo, pero quiere honestidad de nuestra parte, le gusta que sus hijos le cuenten lo que piensan y sienten, así que podemos ir con reverencia y confianza a contarle nuestros sentimientos y preocupaciones.  También es una oportunidad para orar por otras personas que necesitan que intercedamos por ellas.
  • Leer la Biblia, meditar en ella, gustar de la Palabra reflexionando en lo que leemos y no solo pasar nuestros ojos a la ligera por encima de las letras; debemos permitir que esas Palabras entren y trastornen nuestros más profundos pensamientos y sentimientos.
  • Evangelizar y servir, preocuparnos por otros, ser de bendición, dejar de mirar solo dentro de nosotros y mirar hacia fuera a quienes necesiten una palabra de aliento, o ser escuchados, o incluso una ayuda material; esto estimula nuestro crecimiento.  Es igualmente importante compartir las buenas nuevas de salvación a quienes no han sido alcanzados aún.
  • Leer buenos libros o páginas (Online), abarrotar nuestras almas de lecturas que nos desafíen a crecer y santificarnos, que nos ayuden también a comprender aún más la Palabra y nos animen a confiar en el propósito de Dios para nuestras vidas.
  • Desconectarse para estar en silencio. El que no puede estar en silencio tampoco sabe escuchar lo suficiente. El que no sabe escuchar, no debe hablar”, frase de Dietrich Bonhoeffer. Necesitamos aprovechar esta oportunidad, para tener tiempos de silencio, callar el ruido a nuestro alrededor, las redes sociales, las distracciones, la música, nuestros afanes y aún nuestros propios pensamientos para escuchar a Dios en medio de la quietud y la soledad.  Es necesario aprender a esperar con gozo, confiar en Él y escuchar de su boca lo que nos quiere enseñar.
  • El ayuno, Dios nos creó con la necesidad de alimentarnos físicamente, pero al ayunar aprendemos a ser libres de nuestra dependencia del alimento para calmar nuestra ansiedad o depresión” dice Jairo Namnún en su curso vía YouTube Poniendo La Tecnología En Su Lugar, Parte 1. Este ejercicio nos permite buscar la voluntad de Dios para nosotros en oración, confesar nuestros pecados, clamar por liberación y protección al Señor, sanándonos a través de la comunión con Él.

Nuestra vida no es solo este lado de la eternidad, como hemos escuchado tantas veces; nuestra vida empieza ahora, pero seguirá después, cuando ya no habitemos en este cuerpo corruptible.  Este tiempo es una buena oportunidad para abandonarnos en el Señor, quien es el perfecto escondite, para procurar el mejor alimento para nuestra alma, porque es probable que estemos robustos físicamente pero internamente debilitados o mal nutridos debido al afán diario.

En estos tiempos de crisis se hace crucial fijar nuestra mirada en Cristo y volver a ÉL, a lo esencial, recordando que las inversiones en el reino no son perecederas y que mientras estemos aquí nunca será demasiado tener las alacenas de nuestras almas rebosantes de Cristo.

Laura Lozada Pedroza

Equipo Devocionales Diarios ICCCTG

13 comentarios en “La Alacena de Nuestras Almas”

  1. amén orar por los que sólo saben llenar sus alacenas de alimentos físico perecederos y por aquellos quienes no tienen para llenarlas que Dios en su gran amor provea el alimento físico y el espiritual

  2. Lilia Torres Ramírez

    Gracias Señor por cuidar, mediante tu palabra, que nuestra alacena espiritual se llene día a día. Gracias Laurita también a ti por la llenura de tu corazón.

  3. Muy buen punto para tratar en este tiempo, señor ayúdanos a qué no nos falte nunca tú alimento espiritual.
    Te necesitamos Dios.

  4. Gracias Dios por esta palabra, porque nos recuerdas estos medios de santificación y comunión contigo.
    Lau Dios te siga usando. Excelente palabra.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *