La Receta para la Paz

En días de cuarentena percibo dos cosas sucediendo con mayor frecuencia. Muchas personas han perdido la paz y muchos están experimentando con nuevos y variados platillos.  En ambos casos, se esconde un proceso de aprendizaje, se requiere acción y, aunque muchos prefieran un estilo libre, para las dos situaciones hay recetas disponibles.

Para saber cómo cocinar algo nuevo, basta preguntarle a un amigo que haya publicado fotos, entrar a un buscador en línea o hablar con la mamá o la abuela. Y para saber cómo obtener la paz que nuestra alma anhela, basta leer la Palabra de Dios.

Filipenses 4:6-7 nos dice: “Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús” (RVR1960).  Este pasaje nos muestra primeramente dos cosas. El afán (las preocupaciones) afecta nuestras actitudes y nuestro raciocinio, también enseña que, por muy grande que sea un problema, no debemos afanarnos por nada.

La forma en la que está escrito se parece a una receta:

  1. Traigan todas sus peticiones a Dios en oración y ruego.
  2. Oren dando gracias a Dios.

¿Y el resultado? La paz de Dios, que nadie puede comprender o explicar, protegerá como en un castillo nuestros corazones y nuestros pensamientos, en el único inamovible, la Roca, la Piedra Angular, el Príncipe de Paz, el Libertador, el Dios Verdadero… Cristo Jesús

Así como para preparar un exquisito platillo se requieren todos los ingredientes y que alguien efectivamente actúe y siga los pasos establecidos en la receta, para que esta preciosa promesa sea una realidad en nuestras vidas, es necesario que actuemos y pongamos esta Palabra leída en práctica. ¡No es algo mágico!  Algo tan simple como hervir unos huevos, que no tiene receta, puede salir mal si no se siguen los pasos correctamente, ¡a mí se me han quemado!

Tiene que ser algo intencional, de entrega, un aprendizaje, un proceso.  El Señor está dispuesto y ya nos ha dado su Palabra. ¿Qué vamos a hacer nosotros con ello? Para pensar y actuar: ¿Qué te preocupa? Haz una lista.  ¿Qué razones tienes para estar agradecido? Haz una lista.

Entrega tus preocupaciones a Dios en oración. Preséntate delante de Él genuinamente con acción de gracias.  Espera los resultados de la paz en tu corazón y tus pensamientos.  Y si aún después de orar hay angustia, pide perdón al Señor por tu falta de confianza y vuelve a empezar.

“El Señor es mi luz y mi salvación; ¿a quién podría yo temer? El Señor es la fortaleza de mi vida; ¿quién podría infundirme miedo?” (Sal. 27:1 RVC).

Nohemí Martínez

Equipo Devocionales Diarios ICCCTG

9 comentarios en “La Receta para la Paz”

  1. El Señor guardará en perfecta y completa Paz aquel cuyo corazón en El persevera.
    Paz, cuan dulce Paz, es aquella que el Padre me da, dice el Himno. Amén!

  2. Carlos Osorio Berrio

    Una paz que, aunque sobrepasa todo entendimiento, no es irracional!; Y está accesible a todo aquel que se acerca al príncipe de paz, para ser guardado y cubierto bajo sus benevolentes manos. Gracias hermana Nohemí por esas hermosa reflexión.

  3. Judith Benedetti

    cuando hablo de paz para mi no hay mejor versículo que me tranquiliza que éste “mi Dios guarda en completa PAZ a todo aquel cuyo pensamiento en él persevera.”

  4. Que grandiosa es la palabra de Dios para estos tiempos , no tiene fecha de caducidad en ninguna generacion .gracias por tu paz Cristo.

  5. Dios ayúdanos a colocar en práctica tu palabra, que el afán no nos aleje del propósito que tienes con nosotros. Gracias

  6. Nellys Marina Rodríguez Zuleta

    Querida Nohemí, gracias por esa reflexión tan veraz y valiosa… La receta infalible para la paz, de la mano misma del único que la puede dar como el mundo no da

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