Ligereza

Hace unos años adopté la disciplina de leer la Biblia de Génesis a Apocalipsis, comenzando en enero y terminando en diciembre. Lo he hecho de varias maneras, con lectura simple libro por libro, con planes de lectura elaborados por distintas personas y organizaciones, así como también en las diferentes versiones que han estado a mi alcance. Tengo que reconocer que entiendo nuevas cosas cada vez que la leo, sea porque las circunstancias han cambiado o porque, sencillamente, el Señor abre mis ojos a verdades que antes no comprendía.

Leyendo nuevamente en Génesis 25 el famoso episodio en el cual Esaú le vendió la primogenitura a Jacob por un plato de lentejas, una palabra vino a mi mente: LIGEREZA. El diccionario define la palabra como “Condición de ligero, poco pesado, tenue o delgado” pero también como “Acción o palabra irreflexiva o poco meditada”.[1] Confieso que me impactó ver en toda su dimensión la ligereza de Esaú, el razonamiento que hizo respecto de la primogenitura y la forma en la que la menospreció.

Esaú no llegó a ese punto de la noche a la mañana, él había adoptado un estilo de vida ligero, intrascendente, cuya premisa parecía ser “vivir el momento” de acuerdo con su pensamiento en el versículo 32: “He aquí yo me voy a morir; ¿para qué, pues, me servirá la primogenitura?” (RVR1960). Luego de hacer la negociación con Jacob, encontramos otra manifestación de su ligereza: “comió y bebió, y se levantó y se fue”, (Gn. 25:34b RVR1960) como si lo vendido fuera cualquier cosa sin importancia y, sobre todo, como si lo recibido en pago cubriera el incalculable valor espiritual que representaba la bendición de la primogenitura. Por eso expresa el Señor en su Palabra: “De esta manera menospreció sus derechos de hijo mayor” (Gn. 25:34c NVI).

 

Esaú pagó un alto precio por su ligereza, dice Hebreos 12:17 que “después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas” (RVR1960). Una decisión irreflexiva lo condujo a consecuencias inesperadas que no tuvieron marcha atrás. Lamentablemente no ha sido el único, otros personajes de la Biblia como el rey Saúl, Sansón y Judas también despreciaron bendiciones, posiciones y privilegios que el Señor les había entregado por asumirlas con ligereza.

Me pregunto, ¿cuántas veces nosotros también habremos hecho lo mismo? Es triste saber que, más de las veces que quisiéramos reconocer, los hijos de Dios hemos despreciado bendiciones, posiciones y privilegios, por vivir a la ligera, dejando de lado los principios bíblicos, abrazando las tendencias ideológicas del mundo moderno que nos animan a “disfrutar los momentos” de la vida sin pensar si hay futuro o si dejaremos un legado a las generaciones venideras.  Aunque resulte tentador, ese estilo no refleja lo que el Señor espera de nosotros cuando nos manda a criar hijos en su temor (Pr. 22:6; Ef. 6:4) e impactar el mundo con el evangelio de la salvación (Mt. 28:19-20) todo lo cual es un llamado trascendente.

Al inicio de cada año suelo animar a otros a leer la Biblia en un año. Un corazón que atesora la Palabra de Dios para ponerla por obra batallará contra la ligereza. Si conocemos bien lo que la Biblia nos enseña a diario desarrollaremos una vida de comunión con Dios y un estilo de vida que glorifique su nombre, “a fin de que seamos para alabanza de su gloria” (Ef. 1:12 RVR1960), pues para eso fuimos creados según dice Isaías 43:7 “todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los he creado, los formé y los hice” (RVR1960).  ¡Vivamos entonces cada día para gloria del Señor!

Nancy Esther Rodríguez Zuleta

Equipo Devocionales Diarios ICCCTG

15 comentarios en “Ligereza”

  1. Un órgano que es muy ligero para funcionar es la lengua, y el dominio propio componente del fruto del Espíritu Santo, es nuestra mejor arma para esa ligereza de lengua

  2. Amén. Dios ayudame cada día a no menospreciar tus bendiciones, y tomarlas con ligereza. Que tu palabra me recuerde siempre el hecho de estar en comunión contigo
    Gracias Sra Nancy. Bendiciones

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