Mañana no desayuno

Una vez, celebrando el cumpleaños de un sobrino en una reunión familiar, nos repartieron una torta de chocolate que estaba realmente deliciosa. Todos comíamos encantados la porción de postre que nos sirvieron, hasta que alguien preguntó: “¿Quién quiere repetir?”. En cuestión de segundos empecé a debatir en mi mente si debía pedir un poco más. Era como esa famosa imagen recreada con un ángel de un lado y un demonio del otro.

“Con lo que comiste estuvo bien”-, me decía a mí mismo; pero también pensaba: “Está muy rica, deberías probarla otra vez”. Luego de cavilar por un rato, cedí en mi voluntad (aun sabiendo que podría no hacerme bien) y finalmente pedí otra porción. “Me comeré esta otra porción, pero en compensación: Mañana no desayuno”, me dije para tratar infructuosamente de acallar mi conciencia.

Conozco historias de personas que en búsqueda de rebajar los kilos de más en su cuerpo, han acudido a cirugías especializadas. Aparentemente lograron su objetivo, pero una vez recuperados de la operación, aunque sus cuerpos se veían más esbeltos, sus mentes no habían cambiado y terminaron comiendo como antes, empeorando a la postre su condición y salud.

“Como ciudad sin defensa y sin murallas es quien no sabe dominarse”. (Pr. 25:28 NVI). ¿Qué es el dominio propio? El término «dominio propio», como tal, aparece varias veces en la Biblia, bajo el griego Enkrateia, que también traduce «templanza».  Sabemos que es fruto del Espíritu (Gl. 5:23), y está entre las virtudes cristianas (2 Pe. 1:4–8). [1]  El dominio propio es, entonces, el control sobre los propios deseos y acciones. Es lo opuesto a la autocomplacencia. En la Biblia, encontramos ejemplos de las cosas sobre las que debemos tener dominio propio; la lengua, por ejemplo, refrenarse en esto está relacionado con la sabiduría (Pr. 17:27-28; Stg. 3:13-18).

 

La idea de «contenerse», «ejercer control sobre sí mismo», se prescribe en las relaciones sexuales (1 Co. 7:9), y se requiere de todo hombre que lucha por una corona (1 Co. 9:25). La exhortación a «abstenerse» de vicios sexuales se expresa como «la voluntad de Dios» (1 Tes. 4:2–4), y se amplía hasta incluir «los deseos carnales» (1 Pe. 2:11) y la abstinencia de «toda especie de mal» (1 Tes. 5:22).[1]  Como cristianos libramos una lucha continua por nuestra santificación contra el pecado. Y siendo el dominio propio consecuencia del fruto del Espíritu Santo en nuestras vidas, debemos ser conscientes de nuestra necesidad de ser guiados por Él y no ser llevados a la deriva por los deseos de la carne (Gl. 5:16-18).

Por falta de dominio propio muchas veces no tomamos las decisiones y resoluciones que cambiarían nuestros hábitos y nos conducirán por mejores caminos. A causa de un débil o nulo dominio propio cedemos ante las tentaciones que nos impulsan al mal y a sufrir consecuencias indeseables, olvidando que siempre tenemos la oportunidad de elegir bien. No necesariamente caeremos derrotados ante las tentaciones, una tentación también es una oportunidad para hacer el bien, para agradar a Dios.

“Si ahora vivimos por el Espíritu, dejemos también que el Espíritu nos guíe” (Gl. 5:25 DHH). Se trata de principios, no sólo de meras restricciones La Biblia dice que el Señor nos ha dado un espíritu de “poder, de amor y de dominio propio” (2 Tim. 1:7). Debemos buscar con fidelidad el propósito superior de agradar a Dios, para que nuestras acciones tengan un sentido eterno y no superficial. Necesitamos que el Espíritu sea quien nos guíe para que los resultados sean verdaderos, así podremos vencer las tentaciones y decidir bien en nuestro caminar diario.

Manuel Martelo Verbel

Equipo Devocionales Diarios ICCCTG

5 comentarios en “Mañana no desayuno”

  1. Que riesgo tan peligroso si dejamos fluir nuestras emociones a nuestro Antojo , Gracias Dios por tu Espiritu Santo que nos hace crecer en Dominio Propio.

  2. “mañana no desayuno” es como el que “peca y reza empata” y en el Señor no se pasa por promedio. Dios nos ayude a cultivar un carácter como el del Señor, sujeto al Espíritu Santo. Gracias esposo

  3. Amén. Dios ayudame a cultivar el dominio propio porque es un proceso de todos los días y en todas las situaciones.
    Gracias Manuel. Bendiciones

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