Otoño

El otoño es una de las temporadas que más me gustaría experimentar; siempre veo en las películas, los tonos naranjas, rojos, esas hojas cayendo de los árboles, con esos colores pintando las calles, parques y ciudades.  Pero hablando del árbol en sí, el otoño es una temporada vital, porque, aunque externamente se vea un árbol sin fruto y sin hojas, en su interior la savia esta pasando a las raíces, dándole fuerza al árbol.  Es una temporada para fortalecer la esencia de lo que no se ve, es la época que sostiene al árbol en el tiempo de sequía y en el frío severo, además permite que salgan los frutos en las siguientes estaciones.

La Biblia dice que quien se deleita en la ley de Dios “será como árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto en su tiempo, y su hoja no cae; y todo lo que hace, prosperará” (Sal. 1:3).  Somos parte del plantío del Señor, así como un árbol pasa por procesos internos cada temporada, nosotros también. En el otoño la energía del árbol se recoge en la raíz para mantenerlo en los meses fríos.  Igual que los árboles, debemos desarrollar raíces profundas en el Señor, convicciones sólidas, fuertes y arraigadas en su Palabra, como dice el Salmista: “Sino que en la ley de Jehová está su delicia, y en su ley medita de día y de noche” (Sal. 1:2), para mantenernos firmes en medio de este sistema social en el que nos encontramos

Necesitamos que nuestras raíces sean nutridas por los principios celestiales y la única manera de hacerlo, es profundizando en Su Palabra.  La Biblia hace bienaventurado al hombre, su lectura no es una carga, ni es aburrida para quien la escudriña, sino todo lo contrario, es agradable, es nuestra savia, la que nos da la vitalidad y la fuerza para cada día tomar nuestra cruz y seguir al Señor.

Así que debemos meditar en la Palabra “de día y de noche” para ser nutridos.  Tomás Kempis dijo “Yo no tengo descanso, sino en un rincón con un libro, y ese libro es la Palabra de Dios”.  Meditar es pensar detenidamente en lo que leemos, tenemos que profundizar en la Palabra, que es el espejo de Dios, que nos revela lo que realmente somos (Stg. 1:22-24).  Debemos permitir que la Palabra, dé forma a nuestra vida, según la voluntad y los propósitos de Dios; de esta manera podemos seguir el proceso de transformación del Señor en nuestra vida y ser árboles listos para soportar las variaciones de las siguientes temporadas.  Hoy estamos aquí, mañana no sabemos por qué caminos nos llevara el Padre.

Sufriremos cambios, como los árboles en otoño; ellos, pasan por un proceso para su bienestar, paralelamente nuestras vidas son desintoxicadas por la Palabra de Dios (Heb. 4:12).  Nos corresponde sacar de nosotros todos los hábitos, pecados, personas, pensamientos, etc. que no nos dejan escuchar la voz del Señor; tenemos que ser sensibles a su mover, estar dispuestos a hacer lo que nos pide, agradarle en todo lo que hacemos. 

 Como lo diría un nutricionista, necesitamos eliminar de nuestros organismos (vidas) todas las toxinas (pecados) que dañan nuestros órganos (mente, cuerpo, alma, corazón), así que se deben caer las hojas (renuncia) y el Señor nos reverdecerá nuevamente en Él (Is. 55:10-11).

Es hora de fortalecer nuestras raíces en el Señor.  Todo tiene su tiempo debajo del cielo, y si entendemos en qué estación estamos viviendo, sobrellevaremos mejor los cambios.  Quizás estás en otoño, quizás este es el tiempo para meditar en el Señor, para fortalecer tus raíces y estar preparado para lo que vendrá. ¿Estás dispuesto a ser transformado?

Mayra Quiñones Herrera.

Equipo Devocionales Diarios ICCCTG

7 comentarios en “Otoño”

  1. Las raices del Cristiano estan fundamentos en la palabra de Dios , no obstante nuestra labor es permitir y ser facilitadores del proceso para Dios.

  2. Nellys Marina Rodríguez Zuleta

    Hermosa palabra, gracias Señor por dar a nuestras vidas cada tiempo. Gracias, Mayra por compartir esta meditación

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