Sí se nota

Durante varios años de mi infancia trabajó como empleada doméstica una joven a quien llamaremos “Rosita”.  Tiempo después de un viaje que Rosita hizo mi madre empezó a notar su vientre abultado y otras características que le hacían pensar que estaba embarazada.  “Rosita, usted está embarazada”, le decía.  “Ay no señora Sol, ¡cómo se le ocurre!”.  Mi mamá, una mujer que había tenido seis embarazos, podía fácilmente notar todos los cambios físicos en el cuerpo de Rosita y se lo decía, pero ella insistía en negarlo.  Al fin, Rosita tuvo que reconocer la verdad, como suelo decir, esas verdades “grandes y redondas” no pueden ocultarse por mucho tiempo.

Dice la Biblia en Proverbios 30:20 “La mujer infiel hace lo siguiente: come, se limpia la boca y afirma que no ha hecho nada malo” (DHH).  Es muy difícil determinar si una persona ha pecado o no, no somos como Pinocho, a quien le crecía la nariz cada vez que decía una mentira. ¡Ay de nosotros si así fuera!, ¡tendríamos la nariz más larga que el cuerpo!

Sin embargo, el pecado sí se nota.  Dejando claro que un embarazo real es algo precioso y digno de ser cuidado, con frecuencia comparo el pecado con un embarazo; empieza muy pequeño, es imperceptible al principio, pero la madre lo consiente y atesora hasta que el bebé está listo para nacer.  El pecado se concibe en nuestra mente, en nuestros pensamientos, nadie peca sin pensar, primero se debe haber considerado y consentido en el corazón, hasta que luego se hace tan grande y evidente que es imposible de ocultar, y “da a luz”, dejándonos en vergüenza.

Una criatura será siempre herencia de Jehová, estimado precioso (Sal. 127:3), no así el pecado. Hay pecados que hemos guardado y consentido por tanto tiempo que los consideramos nuestros bebés, los hemos abrazado y “pechichado” en nuestro interior, y quizá han pasado desapercibidos, pero a la postre, se notan.  El pecado SIEMPRE causará daño, a nosotros mismos y a quienes nos rodean, así pensemos que no le incumbe a nadie más.  Afectará nuestras relaciones, con Dios y con nuestros allegados, perjudicará nuestra salud emocional, espiritual y hasta física.  Podrá no sobresalir como un embarazo o como la nariz de Pinocho, pero tarde o temprano, el daño ocasionado por el pecado saldrá a la luz, sea grande o pequeño, siempre traerá consecuencias negativas.

Debemos comprender que el pecado fue concebido muchísimo antes de dar a luz, no se “cae en pecado” cuando se hace evidente a todos, es muy probable que ya haga parte de nuestro pensamiento y esté en nuestro corazón “porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Lc. 6:45 RVR1960).  Examinemos nuestro corazón, evaluemos nuestra manera de actuar. ¿A qué obedecen nuestras acciones? ¿Qué nos hace obrar como lo hacemos? ¿Habrá una raíz pecaminosa que hayamos ocultado sagazmente vistiéndola de modestia? ¿Podemos estar seguros de que nuestro comportamiento no es producto del orgullo, la rebeldía, la pereza o cualquier otro pecado disfrazado de piedad?

Si tenemos conflictos que no entendemos, examinémonos, probablemente tengan origen en el pecado y se presentan una y otra vez porque no hemos identificado su raíz.  “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.  Si decimos que no hemos pecado, le hacemos a él mentiroso, y su palabra no está en nosotros” (1 Jn. 1:8-10).  Como dice el Salmo 19:13, que no se enseñoreen las soberbias de nosotros, que el Espíritu Santo nos ayude a reconocer nuestro pecado, arrepentirnos y pedir perdón al Padre.

Marysol Cecilia Rodríguez Zuleta

Equipo Devocionales Diarios ICCCTG

18 comentarios en “Sí se nota”

  1. Muchas gracias ! Mari que el señor nos permita cada día ir ante su fuente inagotable y nos examine a ver si en nosotros hay alguna raíz y sea sacándole de allí.

    Bendiciones

  2. Cuando no andamos bien con el Señor aunque al principio tratemos de disimularlo a la postre se nota. Dios nos ayude a acercarnos delante de su presencia con humildad como lo hacía David, quien oraba al Señor que lo librara de sus pecados ocultos. Gracias Mary

  3. Graciaa Jesus Cristo por vencer el pecado en nuestras vidas has que tu Luz brille en nuestros corazones para deshacer la obra de las tinieblas , has resplandecer tu rostro sobre tus hijos.

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