Somos o sólo parecemos

En la peña a la cual pertenezco estamos estudiando los mandamientos y me fue asignado el tercero, que se encuentra en Éxodo 20:7: No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano” (RVR1960). Dicho mandamiento hace alusión a usar el nombre de nuestro Señor sin propósito o uso alguno, o hacerlo sin procurar darle la gloria y la honra que merece.

Dios se nos revela a través de sus nombres, títulos y atributos. Se muestra tal cual es, enseñándonos una parte de su ser, por lo que se le debe dar la importancia que ello requiere y no podemos usar su nombre como usaríamos el de cualquiera de nosotros, porque es el nombre del Santo, Santo, Santo. Tan importante es que lo resguardó dentro de los mandamientos.

Una de las maneras en que tomamos su nombre en vano es cuando lo empleamos hipócritamente; cuando decimos pertenecer a su pueblo y realmente no lo somos, o usamos su nombre pero no obedecemos su Palabra. Isaías 48:1 dice: Escuchen esto ustedes, los de la familia de Jacob, descendientes de Judá, que llevan el nombre de Israel; que juran en el nombre del Señor, e invocan al Dios de Israel, pero no con sinceridad ni justicia” (NVI). A través del profeta, Dios condenaba la actitud farsante de su pueblo pues no obraban según su justicia, decían conocerle y no era así.

En Lucas 6:46 Jesús inquiere: “¿Por qué me llaman ustedes “Señor, Señor”, y no hacen lo que les digo?” (NVI). Puede que estemos llamando a Dios “Señor de nuestra vida” y no ser cierto, o simplemente estemos engañándonos con una vida religiosa, sirviéndole sin sentirlo. No es suficiente llamar a Jesús Señor, Él demanda obediencia de sus hijos.

Hace años escuché esta historia: “Alejandro Magno, uno de los más grandes generales militares que haya vivido, una noche durante una campaña, Alejandro no podía dormir y salió de su tienda para caminar alrededor del campamento. Mientras caminaba se encontró a un soldado dormido cuando estaba de guardia, algo bastante grave, el soldado empezó a despertarse a medida que Alejandro Magno se le acercaba. «¿Sabes tú cuál es el castigo por quedarse dormido mientras se está de guardia?», le preguntó Alejandro Magno al soldado. «Sí, señor», respondió el soldado con voz temerosa. «Soldado, ¿cuál es tu nombre?», demandó Alejandro Magno. «Alejandro, señor». Alejandro le hizo dos veces más la misma pregunta. Entonces Alejandro Magno miró al soldado: directamente a los ojos. «Soldado», dijo con intensidad, «o te cambias el nombre o cambias tu conducta»”[1].

Al igual que este soldado algunos de nosotros pudiéramos estar llevando el nombre de cristianos y actuando de forma contraria a Cristo. Viviendo vidas religiosas, apegándonos a modelos de conductas creadas por el mundo de cómo debería ser un cristiano, pero lo cierto es que eso no es lo que Dios demanda de nosotros. Él quiere hijos obedientes, que le crean a Él y a su Palabra, que la vivan y la enseñen.

Recordemos que tenemos una gran nube de testigos, que somos el reflejo de Dios en el mundo, de su gracia, de su amor y misericordia, que algunas personas se hacen una imagen de Dios de acuerdo a lo que les mostremos. Que al decir que somos sus hijos realmente vivamos el verdadero cristianismo de las Escrituras, si no, estaremos tomando en vano su nombre.

Analicemos cómo estamos viviendo, y si estamos cumpliendo el patrón de Dios establecido en su Palabra, si verdaderamente somos lo que decimos ser o solo nos parecemos a eso.

Mayra Quiñones Herrera

Equipo Devocionales Diarios ICCCTG.

10 comentarios en “Somos o sólo parecemos”

  1. Lilia Torres Ramírez

    Señor, ayudame a saber si mis actuaciones son de acuerdo a tu mandato. Quiero adorarte y obedecer te en todo.
    Que buena reflexión May. Bendiciones.

  2. Tremendo. Dios nos ayude a honrar su nombre con nuestra vida, que los demás puedan ver el reflejo de Cristo en nuestras vidas. Gracias May

  3. Efectivamente el hombre fué hecho a imagen y semejanza de Dios, los cristianos tenemos que mostrar que somos hijos de Dios modelando sus instrucciones, no aparentar porque se puede engañar a los humanos, pero A Dios nunca

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