Su Hija

Cuando era niña, con relativa frecuencia se organizaban viajes familiares que incluían a mis hermanas mayores (soy la menor de seis), a mis primos y algunos amigos.  Mi papá tenía un campero, nada cómodo para viajar pero sí muy apropiado para los agrestes caminos que debíamos recorrer, en especial cuando íbamos a la finca en las montañas.  Así que íbamos todos apretujados al interior del campero de mi padre, once personas no eran fáciles de acomodar… y empezaba la lucha.

“¡Mamá!, mire a Marysol… ¡tía Sol!, es que Marysol…”.  Yo pretendía ir “a mis anchas” arrinconando a los demás para estar cómoda… era una niña al fin y al cabo, la menor, para completar el cuadro.  La respuesta de mi madre no se hacía esperar: “Y ¿qué hago?, ¿la dejo?, ¿me la como?, ¿la regalo?, ¿la tiro por la ventana?”.  Por supuesto, nada de eso iba a ocurrir, así que mis hermanas y primos tenían que resignarse y simplemente ¡soportarme!

Podrá parecer una respuesta jocosa, pero ella no lo decía en broma, todos sabíamos que sus palabras eran una clara advertencia: “¡no molesten!”.  Sin embargo, analizando en detalle, tenía mucha razón mi madre, yo era su hija, ¿cansona?, sí; ¿obstinada?, bastante; ¿que buscaba estar cómoda?, todavía… pero era su hija, y no me iba a dejar, no iba a abandonarme, se habría hecho matar por mí o por cualquiera de mis hermanas.

Y si así es el amor de mi madre, humana, imperfecta, ¿cuánto más grande es el amor del Padre que incluso sacrificó a su propio hijo por amor a mí? (Ro. 8:32).  Dice la Palabra: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios… Amados, ahora somos hijos de Dios” (1 Jn. 3:1-2a).

No hay cosa que traiga mayor consuelo a mi mente y mi corazón que recordar que soy Su hija, la hija de mi Padre, que no importa lo que ocurra, no dejaré de ser Su hija y Él no dejará de ser mi Padre.  Pienso en el hijo pródigo (Lc. 15:11-32) que se marchó de casa y vivió perdidamente, luego volvió en sí y regresando a su hogar fue recibido por su padre entre besos y abrazos.  No digo que debamos vivir como nos parezca pensando que al fin y al cabo el Padre nos perdonará, si así lo creemos es porque probablemente aún no seamos hijos.  Pero si somos verdaderamente hijos de Dios, siempre lo seremos, y tal como el hijo pródigo, regresaremos arrepentidos a los pies del Padre, pues nada ni nadie puede arrebatarnos de su mano ni apartarnos de su amor (Jn. 10:28, Ro. 8:38-39).

Soy Su hija, imperfecta, sí; a veces rebelde y obstinada, también; que quiere salirse con la suya, todavía… pero a pesar de mí, el Señor me ama, no por nada que haya hecho o dejado de hacer, no por ser perfecta ni sin pecado, sino porque soy Su hija, y nada puede cambiar esa realidad, ¡qué consuelo!, ¡qué descanso tan grande para mi alma y el alma de todo hijo que se sienta desanimado!

“Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (Jn. 1:12 RVR1960).  El Padre nos ha escogido para ser sus hijos, nos ha amado con amor eterno (Jr. 31:3), y eterno significa que no tiene principio ni tendrá fin, eterno significa que nos ama desde antes de la fundación del mundo (Ef. 1:4), eterno significa que no podemos hacer nada para que nos ame más ni para que nos deje de amar pues eterno es su amor.

¡Oh Señor!, gracias por consolar nuestros corazones recordándonos que somos tus hijos y que nos amas por siempre. Gloria a tu Nombre.

Marysol Rodríguez Zuleta

Equipo Devocionales Diarios ICCCTG

20 comentarios en “Su Hija”

  1. Yo solo se que yo su hija, El es mi Padre y mi Padre me ama… Gracias mi Dios por tan grande amor… Gracias Mary ñor recordarnos esta gran verdad.

  2. Que hermosa palabra, gracias Dios por hacerme tu hija y amarme incondicionalmente, ayúdame a corresponder cada día a ese inmerecido amor.

  3. Ligney Elena Rodríguez Zuleta

    Jajajaja jajajaja Recuerdo cómo ayer esos paseos y las palabras de nuestra madre!!!
    Doy gracias a Dios por usarte hermanita, para explicarnos de una manera clara y sencilla el contundente amor del Padre Celestial para con sus hijos.
    Yo sólo sé Que yo soy su hija El es mi Padre Y mi Padre me ama

  4. Sonia Marcela Neira meza

    Gracias señor por el privilegio de ser tu hija, gracias por derramar de tu incomparable amor en mi vida.
    Gracias Mary el señor continúe utilizandote para bendecir nuestras vidas. Tqm

  5. Carlos Osorio Berrio

    La inmensidad del amor inmerecido del padre, hace sobrecoger nuestro corazón y simplemente descansar en profundo agradecimiento. Tu eres el Padre bueno Señor.

    Gracias Mary por esa palabra!

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